Globos de hielo o “ice globes”.Por qué el frío también se cuela en nuestros faciales de verano

Por Mercedes Herranz
En estética avanzada, cada gesto está pensado. Y cada paso en un tratamiento tiene un porqué.
En los últimos años, uno de los recursos que más ha conquistado nuestras cabinas —y nuestras clientas— son los globos de hielo o “ice globes”. Su uso va mucho más allá de una sensación refrescante: se trata de una herramienta técnica con beneficios reales para la piel, especialmente en determinadas épocas del año como el verano.
Porque aunque a veces asociamos el frío con el invierno, en verano también puede ser un aliado.
¿Por qué usamos globos de hielo en los tratamientos faciales?
Durante los meses cálidos, la piel —y más aún las pieles sensibles— tiende a enrojecerse, inflamarse o mostrar signos de reactividad por la exposición al calor, al sol, al sudor o a los cambios bruscos de temperatura. La vasodilatación propia del calor genera un estado de congestión que puede alterar la barrera cutánea y hacer que la piel se vuelva más frágil, menos receptiva y más reactiva.
Aquí es donde los globos de hielo entran en juego.
El frío, si se aplica bien, calma y regenera
Aplicados con criterio y bajo condiciones controladas, los globos de hielo ayudan a:
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Disminuir la inflamación y la rojez, especialmente en pieles con tendencia a la cuperosis o hipersensibles.
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Cerrar poros y tonificar, mejorando el aspecto general de la piel.
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Favorecer la oxigenación, al estimular la circulación sanguínea tras el efecto frío-calor.
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Reducir bolsas y ojeras, cuando se utilizan en la zona periocular.
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Potenciar el efecto de otros activos, al aplicarlos justo después y conseguir que la piel esté más receptiva.
En nuestros tratamientos, los usamos tanto como paso final para devolver frescura, como en protocolos personalizados donde es necesario modular la temperatura para respetar el estado real de la piel.
Un mimo que también es ciencia
No se trata de pasar frío por pasar frío. Se trata de entender cómo el sistema vascular y linfático de la piel responde a los estímulos, y de utilizar esas respuestas a nuestro favor.
En cada tratamiento facial que realizamos en el centro, analizamos qué necesita tu piel en ese momento concreto. Si hay calor acumulado, inflamación, irritabilidad o una sensibilidad acentuada, los globos de hielo pueden ser una forma respetuosa de devolverle su equilibrio.
Porque un buen tratamiento facial no solo embellece. También escucha, acompaña y cuida.
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Mercedes Herranz – Estética con criterio

